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La mujer en la historia de la música cinematográfica

El Día Internacional de la Mujer se conmemora alrededor del mundo para crear conciencia sobre la importancia de empoderar a las mujeres en todos los entornos, proteger sus derechos y garantizar que puedan alcanzar todo su potencial. De la misma manera, sirve para visibilizar la desigualdad y discriminación que aún viven las mujeres en todo el mundo, así como para hacer efectivos sus derechos.

Con el paso del tiempo, la mujer ha logrado introducirse poco a poco en el mundo del cine, hasta que las películas de directoras como Kathryn Bigelow, Sofía Coppola, Ana Lily Amirpour, Claire Denis o Patty Jenkins, por nombrar algunas, se han impuesto en los certámenes de premios, en la cartelera y en la respuesta del público en las salas.

Papel de la mujer en la música de cine

Lo mismo ha ocurrido con las compositoras de bandas sonoras y música cinematográfica. Algunas de las pioneras fueron Shirley Walker, que colaboró con John Carpenter y Francis Ford Coppola; Ángela Morley, que en los años 50 ya hacía partituras para cine, o Wendy Carlos, pionera de la música electrónica, que llamó la atención de Kubrick y que se caracteriza por una música ecléctica y extraña con reminiscencias a Beethoven, Purcell y Rossini.

Merece una mención especial Hildur Guðnadóttir, compositora y chelista islandesa, que, en 2020, ganó un Globo de Oro, un Premio de la Crítica Cinematográfica, un Premio Bafta y un Premio Óscar por la Mejor Banda Sonora de la película Joker. Guðnadóttir presidió ese mismo año, el jurado del Soundtrack Award 2020 en el que también participó nuestro director Constantino Martínez-Orts. Músicos de 49 nacionalidades distintas, entre 18 y 35 años, se postularon para un premio dotado con 50.000 euros. En la gala, la Film Symphony Orchestra interpretó en directo la obra ganadora, titulada ‘Corazón de Tierra’, del joven compositor colombiano Bernardo Rojas y perteneciente al cortometraje Somos tierra. Este premio internacional está impulsado por el grupo bodeguero español Viñas Familia Gil.

La historia de la mujer en el cine

Podemos considerar a la actriz y directora cinematográfica Ida Lupino, como uno de los grandes hitos en los comienzos de la industria del séptimo arte. Tan independiente como controvertida, es considerada la madre del cine negro. Pese a haber dirigido nueve largometrajes, sostenía que la dirección no era lugar para una mujer. Afortunadamente, estaba muy equivocada.

Se entregó al cine negro en un momento en el que el género, como todo Hollywood, era un lugar hecho por y para hombres. Fue una figura transgresora durante los años 40 y 50 por tener su propia productora, The Filmakers, por su ruptura con la estética de la época y por sus formas cinematográficas.

Ida Lupino (@O_Thursday)

Imagen propiedad de @O_Thursday

Primera mujer en el cine

Pero podemos remontarnos más de cuarenta años al pasado, para encontrar a la primera mujer en la historia del cinematógrafo, Alice Guy-Blaché, que obtuvo este enorme mérito en 1896, con La Fée aux Choux (El hada de los repollos).  No se conformó con ser la primera directora de cine en el mundo, llegó a competir en Hollywood, como productora y directora independiente y fue una adelantada a sus contemporáneos y a su tiempo.

Dirigió, produjo y supervisó más de 600 películas de todos los géneros y también fue la primera en usar grabaciones con un gramófono sincronizadas con la imagen. Si esto fuera poco, produjo una de las primeras películas a color, fue la primera en utilizar los efectos especiales, usar la doble exposición del negativo, las técnicas de retoque, la cámara lenta y rápida y el movimiento hacia atrás.

Shirley Walker: La primera compositora cinematográfica de nivel

Shirley Walker hizo historia el 6 de enero de 1992, cuando subió al podio para dirigir la orquesta y grabar su banda sonora para la película de Jonh Carpenter Memorias de un hombre invisible. Tal y como subraya el libreto de la edición discográfica, fue la primera mujer en componer y grabar la partitura de una superproducción en Hollywood.

Walker comenzó su carrera cinematográfica como teclista, tocando los sintetizadores de la maravillosa composición que Carmine Coppola realizó para Apocalypse Now. Posteriormente, gracias al productor musical Daniel Allan Carlin trabajó en la producción de American Zoetrope, El corcel negro, para la que escribe música adicional a los temas de Carmine Coppola. Ambas producciones fueron candidatas al Globo de Oro a la mejor banda sonora original. Más tarde, a finales de los 80 y principios de los 90, trabajó como orquestadora para Danny Elfman y Hans Zimmer.

Shirley Walker (@jmamenn)

Imagen propiedad de @jmamenn

Compositoras de bandas sonoras relevantes en el cine

Además de Shirley Walker, que colaboró en su mejor época con Danny Elfman, y una de las más interesantes con Zimmer, y de la que se decía que era ella y no Elfman, quien escribía sus partituras, encontramos a otras grandes compositoras de la historia de la música para cine.

Una de ellas es Ángela Morley, mujer transgénero que trabajó con la compañía Phillips realizando arreglos para numerosos artistas y de muy joven, comenzó a colaborar con Shirley Bassey y Dusty Springfield. En los 50 realizó varias partituras para cine y a finales de los años 60, tras rechazar multitud de propuestas, regresaría al medio audiovisual. Realizó las bandas sonoras de La ciudad de oro del capitán Nemo, El espejo de los espías y Las ocho campanadas.

Dada la gran variedad de sus registros, fue elegida para adaptar la banda sonora original del musical El pequeño príncipe, dirigida por Stanley Donen. Y mereció una candidatura a la mejor banda sonora musical por su trabajo en esta película. Una nominación que repetiría poco después con su trabajo en Cinderella. Tiene la distinción de ser la primera persona transgénero reconocida con una nominación a los premios de la Academia.

Otra de estas compositoras relevantes es Wendy Carlos, pionera en la música electrónica y mujer transgénero, al igual que Morley. Revolucionó el mundo de la música con el álbum ‘Switched-On-Bach’, en los años 60, un recopilatorio de piezas de Bach interpretadas por sintetizadores.

Wendy Carlos (@FedeSioux)

Imagen propiedad de @FedeSioux

Su sonido llamó la atención de Stanley Kubrick, quien después del rechazo de Ennio Morricone para hacerse cargo de la música de La naranja mecánica, le ofrece la oportunidad a Carlos. Adaptó a Beethoven, Purcell y Rossini y los combinó con música electrónica y el empleo del vocoder, cuyo resultado fue una banda sonora ecléctica y extraña que funciona muy bien en la distopía escrita por Burgess. Después volvería a colaborar con el director en El resplandor con una pieza hipnótica que aparece al principio de la película, donde rinde homenaje al recurrente ‘Dies Irae’ compuesto por Héctor Berlioz.

La última de estas cuatro grandes compositoras que analizamos hoy, es Nora Orlandi, conocida por ser la primera compositora de cine italiano. Se hizo popular en los años 60 con sus obras de vanguardia para el género que más destacaba en el cine de su país: el spaghetti western.

A pesar de que su filmografía apenas llega a los 13 títulos y que terminó su carrera por decisión propia en 1973, su música tiene un gran reconocimiento, incluso por el director Quentin Tarantino, que utilizó su tema Dies Irae de El extraño vicio de la señora Wardh para el pastiche musical Kill Bill Vol.2.

Primera compositora ganadora de un Óscar a la mejor canción original

Como compositora, Barbra Streisand, ganó un premio Óscar a la mejor canción original por el tema Evergreen de la película de 1976 Ha nacido una estrella. Streisand se convertía así en la primera compositora en recibir el premio. El éxito de este tema lo ha llevado a formar parte de la popular lista de las 100 canciones más representativas del cine estadounidense, que realizó la American Film Institute en el año 2004, en la que se sitúa en el puesto número 16.

Barbra Streisand (@JesAg_)

Imagen propiedad de @JesAg_

La importancia de las mujeres en la música clásica

Pero el cine no es el único ámbito relacionado con la música que ha creado grandes nombres femeninos, por ello, es necesario analizar mayores figuras y la importancia de las mujeres en la música clásica. En pleno siglo XVI, destacó la figura excepcional de Francesca Caccini, una mujer insólitamente dotada para la música, compositora prolífica, cantante, poeta e intérprete de laúd y arpa. En 1625, obtuvo uno de sus mayores éxitos con su ópera La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina, compuesta para la visita del príncipe Ladislaus Sigismondo, convirtiéndose en la primera ópera italiana representada fuera de sus fronteras.

Si continuamos nuestro viaje por el clasicismo, también encontramos a Bárbara Strozzi, considerada la gran dama de la cantata barroca. Nacida en Venecia, es una de las figuras más interesantes del Barroco italiano. De entre las más de cien piezas que componen los volúmenes que publicó entre 1644 y 1664, destacan en número las arias, las ariettas y, especialmente, las cantatas profanas, género cuyo desarrollo y evolución impulsó Strozzi en Venecia de tal forma, que algunos estudiosos la consideran como una de las creadoras del mismo.

Y si tenemos en cuenta la aportación a la historia de la música clásica de mujeres de nuestro país, nos encontramos irremediablemente con Marianne von Martínez, aplaudida en su época, pero no considerada con el merecido respeto profesional. De origen alemán, fue admitida en la Academia Filarmónica de Bolonia en 1773, después de componer sinfonías, sonatas y piezas religiosas.

La mujer forma parte del cine, como hemos visto, desde su nacimiento, y este 8 de marzo tenemos la oportunidad de reconocer a las mejores directoras de cine y compositoras de bandas sonoras, ya que la historia del séptimo arte y de la música, no tienen sentido sin ellas.

Agnès Varda, Ava DuVernay, Isabel Coixet o la prometedora Elizabeth Banks, han marcado el desarrollo más o menos actual de la gran pantalla. Por su parte, la historia siempre recordará a compositoras como Rachel Portman, Anne Dudley o Lisa Gerrard, por sus premios Óscar, pero sobre todo por su fascinante relación con la partitura.

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