La estrecha relación entre la música sinfónica y el cine

Desde el nacimiento del cine en 1895, patentado por los hermanos Lumière, la música ha estado siempre presente en él, incluso desde su inicio, con el cine mudo, ya que el cine sonoro no nació hasta 1926. En toda cultura conocida hubo alguna forma de manifestación musical, la historia de la música abarca todas las sociedades y épocas. La música de una determinada sociedad está estrechamente relacionada con otros aspectos de su cultura, como su organización económica, su desarrollo tecnológico, tradiciones, creencias religiosas, etc.
La evolución de la música en el cine a lo largo de los años surgió con la necesidad de crear una música que fuese afín a determinadas películas y no un simple ornamento, que tuviese fines expresivos, los primeros intentos de realizar composiciones pensadas, creadas y destinadas a una determinada película. En sentido más amplio, la música nace con el ser humano, ya que estaba presente, según algunos estudios, mucho antes de la migración de los primeros grupos que dejaron África hace más de 50.000 años. Es, por tanto, una manifestación cultural universal.

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Desde el cine mudo hasta la actualidad: la evolución de la música en el cine

Las primeras apariciones de música de acompañamiento en el cine mudo

Hoy día vemos impensable no combinar algo tan apasionante como el cine y la música, banda sonoras y canciones que nos han ido acompañando durante toda una vida. Pero la música en el cine no empezó con el mismo fin que es indispensable hoy día. Sorprendentemente, esto no ha sido siempre así. Eludir el silencio y tapar el sonido de las bobinas era la curiosa función que cumplía la música. Más allá de la de ambientar al espectador, el sonido producido por el proyector distraía la atención del público. Era habitual escuchar a músicos tocando en vivo, especialmente pianistas. Las salas más modestas contaban con un fonógrafo, otras, con orquestas o bandas en directo.
Sin embargo, al menos en un primer momento, la idea de acompañar las películas con música no iba dirigida a reforzar la acción cinematográfica, poco importaba la relación acción-música. Más adelante, surgió la idea de elegir la música en función de lo que se estaba viendo. Así, comienza a utilizarse música de grandes clásicos conocidos por el público, como Mendelssohn, Beethoven o Chopin.

La llegada de las primeras bandas sonoras de cine en el siglo 20
En 1908 es el año en el que surge, en la práctica, la primera banda sonora original en la historia del cine, concebida para reforzar la expresividad de determinados pasajes de una película. Los compositores Camille Saint-Saëns y Mihail Ippolitov-Ivanov crearon varias piezas para las películas El Asesinato del Duque de Guisa y Stenka Razin.
Este hecho, sin embargo, más que ser visto como un ejemplo, fue tomado con poca importancia, aunque sí como algo original. Así pues, el resto de películas siguieron siendo acompañadas por música conocida por la mayoría del público para causar emoción al escucharlas de fondo.

 

Los años 30 significaron la llegada definitiva de la música cinematográfica original

Con la década de los 30 empezó a cobrar gran protagonismo las partituras para el cine, partituras con un estilo romántico de finales del siglo XIX, como Wagner y Tchaikovski, saliendo a relucir grandes maestros que marcarían los trazos de la historia de las bandas sonoras.
Según Max Steiner: “En la década de los años 30, en las películas dramáticas se usaba la música únicamente cuando lo exigía el guión. Los productores, directores y músicos tenían siempre miedo a que les preguntara de dónde salía la música. Por eso no ponían nunca música, a menos que pudiera explicarse por la presencia de una orquesta, fonógrafo o radio”.
Se utilizaba el leitmotiv para caracterizar a los personajes y situaciones principales, personalizando la música en el cine: la primera película que demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura original totalmente sincronizada con las imágenes fue “King Kong”.
La música conocida como diegética, del término “diégesis”, hace referencia al desarrollo de una historia en un mundo de ficción. La música suele utilizarse para potenciar ciertas emociones en el espectador y crear una atmósfera narrativa, de ahí la importancia de las bandas sonoras en el cine.

Con la aparición de la televisión, la música orquestal cae en el olvido

El rápido desarrollo de la televisión en Estados Unidos hizo que este país tuviera que ser el primero en idear nuevas armas para luchar contra aquel espectáculo casero que les robaba los espectadores a pasos agigantados.
Tantos aparatos de televisión hicieron que las taquillas bajaran en picado, y por ello en 1948 la industria cinematográfica comenzó a tomar medidas contra aquella amenaza y estableció un bloqueo de alquileres de películas en la televisión con la esperanza de conseguir su asfixia. Sin embargo, la gran guerra contra la televisión no fue entregada hasta 1952.
Y fue durante la década de los cincuenta que el mundo de las bandas sonoras, junto con Hollywood, comenzó a tambalearse. Los estudios querían melodías y temas fáciles de vender para intentar remontar el descenso de espectadores que había sufrido; temas que muchas veces no tenían nada que ver con las imágenes.
Se cambió el ocio del cine por las películas gratuitas que ponían, o simplemente, por visualizar la televisión. Esto, por tanto, hizo que se acabase la improvisación que inundaba los cines décadas atrás, para pasar, sin duda, a una década de los cincuenta crítica.

El resurgir de la música sinfónica en el cine con John Williams como protagonista

John Williams es considerado uno de los compositores más prolíficos del cine. Williams comenzaría a despuntar en el primer lustro de los años 70 cuando comenzó a trabajar con el célebre director Steven Spielberg, componiendo la música de toda su obra – a excepción de tres películas – desde 1974.
Aun así, su trayectoria, junto a la de los demás compositores, no fue sencilla. La emoción intensa de escuchar a una orquesta sinfónica tocar una pieza conocida y épica en un gran auditorio se vio mermada. Los recortes en la música hicieron que esa fuerza y vitalidad del sonido tan especial que tienen las orquestas sinfónicas se pudiera ver igualada. Esto añadido a la evolución de los sintetizadores han provocado que los compositores más vanguardistas creen música orquestal preparada en un ordenador.

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La música instrumental consigue superar la crisis y resurge en los años ochenta

La música de Star Wars marcó un antes y un después en el mundo del cine, no solo por su extraordinaria historia, sino también por su musicalización. El conjunto de temas orquestales para la serie de la Guerra de las Galaxias, de George Lucas, está compuestos casi en su totalidad para las películas por John Williams. Esta música compuesta por Williams podría decirse que es prácticamente lo más popular y respetado dentro de su (ya de por sí aclamado) trabajo para el cine, especialmente la de la trilogía original.
En los años 80 llega una revolución con el empleo masivo del sintetizador que, aunque ya se utilizaba años atrás, trajo consigo nuevos compositores como James Horner, Hans Zimmer, James Newton Howard y Alan Silvestri. La música de orquesta no desaparece, sino que persiste su recorrido teniendo una gran acogida.

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La historia nos ha demostrado la importancia de la buena elección de la música que acompaña a las películas, no solo como forma de enganchar el corazón y los sentimientos a la película, sino como identificación. La capacidad que tienen las primeras melodías de una banda sonora o de una canción para llevarnos a la película en cuestión o a un momento característico de ella.

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